
domingo, 18 de abril de 2010
domingo, 11 de abril de 2010
Contemplado

Y te beso, y te beso,
a ti, paradisíaco,
descubriéndote lentamente
como el ser primero descubría
otro menor Éden con otra sombra,
sin temor a que mueras, o a que salgas
del eterno jardín y se te vea,
andando por las calles de la tierra.
Porque tu cuerpo impar, tenso y desnudo,
nunca te hará visible. Sólo puede
en las noches lluviosas
ocultarte mejor, y por un tiempo
que a veces se confunde con la vida,
por lo veloz que pasa, hacerse carne,
e inventar una fábula:
que alguien crea que existe, que le estrecha,
y que es capaz de amor. Y que le ama
Un beso,
Ana
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